
“Les dijo: ‘Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres’. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron” (Mt 4, 19)
El relato de la vocación de los primeros apóstoles nos invita a meditar sobre nuestra propia vocación, sobre la forma concreta en que debemos seguir al Señor. Unos están o estarán llamados al matrimonio. Otros a la consagración religiosa. Otros al sacerdocio. Todos a ser discípulos de Cristo y a intentar ser santos. Sin embargo, el planteamiento vocacional resulta inútil –incluso cuando teóricamente se produce- si no se está preparado para asumir las consecuencias que de ese planteamiento se
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